Y qué le digo ahora a mi hijo, don Paulino

Recuerdo el día en el que mi hijo el mayor no hacía más que meterse entre una conversación que mantenía con mi chica mientras íbamos en el coche. Pero hijo, no ves que estamos hablando, le espeté. Es que en la tele se interrumpen, me espetó él a mi. Desde ese entonces la tele se apaga cuando hay programas donde la gente se grita y en el que se ensalza el valor de lo mundano. Ahora mi hijo que ya más mayor y más picarón me hace otras preguntas...: ¿ y ese tipo musculado y que trata de tú al presidente qué se cree, que soy idiota?

Somos todos idiotas y además nos dejamos embelesar de ta forma que damos ya por bueno lo que otros han comprando para nuestro supueto disfrute y que se ha pagado mil veces por encima de su valor y, además, con nuestro dinero. Me he empeñado, sigo en ello, en demostrar a mi prole que en la honestidad, aunque es un camino de curvas, se puede adelantar, siempre que te hayas currado bien los mapas, el engrasado de las ruedas y nada de saltarse las señales. Lo contrario se llama mentira, robo, ladrones...no respetar los prohibidos etc.


De los segundos hay novelas aun por escribir en esta tierra, algunas está en proceso de redacción. Dicho lo cual, vuelvo a preguntar ¿cómo le digo esto yo ahora a mi hijo, don Paulino?

¿Cómo le explico a mi hijo que ustedes o usted tiene una doble vara de medir las cosas? ¿Cómo le convenzo de que no sea periodista porque tiene sus día contados para ser libre? ¿Cómo le explico al chico que ese señor con labios retocados no está ahí por méritos sino por lo contrario? ¿Cómo y cuando ocurrió todo eso y nosotros sin enterarnos? O lo que me es más difícil de explicarle ¿Cómo es posible que en una tele pública, financiada con euros públicos, ustedes permitan que un ciudadano que debe más de medio millón de euros a todos los demás ciudadanos campe por sus anchas? Decenas de cartas remitidas por Hacienda a empresas del ramo así lo hacen notorio.

Señor Paulino Rivero (a mí me es imposible tratarle de tú) me echa una mano a abrirle los cándidos ojos a mi hijo. Este aún no entiende como el padre maravilloso que tiene delante ( así nos ven siempre los pequeños) firma cada tres meses la cartilla del paro, mientras un señor le trata de Tú.

Más razones para estar turbado:

(He borrado el nombre del destinatario, no así del infractor)
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