Panza de Burro, por Alfonso González Jerez.


Cierto es- que griten los pregoneros- que hace años que leo a Alfonso, además me jacto de respetarlo y él a mi. Además aun tiene pendiente conmigo la estampa de su rubrica en uno de sus libros que releo de vez en cuando y que tiene impresos un sin fin de artículos publicados en la prensa por la que le han dejado pasar, y hasta escribir. Ahora- y ya conocéis mi fijación por los mentirosos, facineroso y manipuladores-saca a la luz un alegato interesante sobre la libertad de prensa que se vive hoy por hoy en el ayuntamiento de Puerto de la Cruz. Sin hablar del medio putrefacto de propaganda que les hace de voceros. Ahí va la columna de Alfonso para reflexión de uno mismo y su existencia cuando pasea por ese pueblo.

Panza de Burro: por Alfonso González Jerez.

Afirman desde la Alcaldía del Ayuntamiento de Puerto de la Cruz que los medios de comunicación expulsados del último pleno por orden del alcalde, Marcos Brito, lo fueron porque no se identificaron como tales. Es una explicación bastante artera. Ni la anterior alcaldesa, Dolores Padrón, ni el propio Brito, en alguno de sus mandatos entre moción de censura y moción de censura, han pedido jamás acreditación formal a los medios de comunicación para el seguimiento de los plenos municipales. Por lo demás, a los dos medios policialmente expulsados de las casas consistoriales tampoco se les permitió volver, una vez que aclararon ante el jefe de prensa sus respectivas identidades: una televisión local y un equipo de la web del PSC del Puerto de la Cruz compuesto por tres pibes, escoltados por una decena de policías locales hasta la calle para su temerosa estupefacción. Lo ocurrido esta semana en el pleno portuense es un síntoma más de la galopante degeneración del sistema democrático.

Las democracias no enferman, languidecen y se desmoronan entre cataclismáticas escenas de destrucción y violencia, sino en la opresión cotidiana desde los poderes legítimamente constituidos, en la voluntariosa erosión de los principios constitucionales, en el desprecio supino a las reglas del juego político y a la sociedad civil. Mientras se niega el derecho a la información a los expulsados, se mima a un estercolero televisivo como Mi Tierra Televisión, donde han sido execrablemente insultados y ridiculizados concejales del PSC y del Partido Popular, en una espiral de ignominias basurientas que llegaron al paroxismo durante la etapa de Dolores Padrón y Eva Navarro como alcaldesa y concejal de Urbanismo respectivamente. Padrón y Navarro fueron humilladas, insultadas y vejadas en los términos más nauseabundos durante meses. Es una actitud que, con el regreso de Marcos Brito al poder municipal, solo ha registrado una novedad: la incesante e idolátrica baba vertida por los propietarios y locutores del goro terruñero sobre el nuevo y mesiánico alcalde, que corregirá el rumbo demoníaco con el que los rojos, masones y demás ralea querían arruinar al Puerto de la Cruz. Medios perseguidos o ningüneados, anónimas amenazas telefónicas, agresiones a la propiedad, demonización sistemática del adversario político: el Puerto de la Cruz vive un acelerado proceso de descomposición política y tensión social que no merece a nadie una línea de denuncia, una reflexión responsable, una llamada de alarma. Silencio bajo la panza del burro.

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