Dígale algo, señora...dígale...

Cuando Diego P. V. entraba escoltado por dos guardias civiles a los juzgados, un reportero cogía al vuelo a una señora que pasaba por la zona y le azuzaba: "dígale algo señora, dígale algo", y la señora le gritó... "BANDIDO", entre otras lindezas.

La señora le puso el toque "humano" a la grabación, y el reportero, por llamarle algo a este asalariado de la basura, se quedó satisfecho porque el canal 2 de su cámara iba a ofrecer un ambiente estupendo ante el silencio que se ronronea cuando te llevan esposado ante el juez, tras ser imputado de homicidio por arrancarle la vida, según la prensa, a una niña de 3 años.

Ahora sabemos, gracias a la autopsia, que Aitana murió porque días atrás se había dado un mal golpe en la cabeza, cuando jugaba con un columpio. No fue quemada, no fue golpeada ni violada... por el novio de su madre, Diego P. V.

Tenemos los informadores que replantearnos muchas cosas después de semejante tortazo informaivo. Tras esto ¿cómo vamos a vender ahora esos rimbombantes anuncios diciendo que deben vernos, escucharnos o leernos por credibilidad ? O lo que es lo mismo: que no mentimos, que somos imparciales y hasta honestos.

Le hemos sacado la cara en primera a Diego P. V. y lo hemos paseado por los noticieros una y otra vez, hasta en cámara lenta. No, no podemos echar las culpas ahora a que una nota del gabinete de comunicación de la Guardia Civil estampaba negro sobre blanco que la menor, de tres años, pudo ser maltratada y hasta violada por un chico de 25, que hizo lo que hubiera hecho cualquier padre: buscar ayuda para que curaran a su niña. Lo que ocurrió es que el médico de urgencias, al ver el estado en el que llegó la niña, sospechó y mandó a llamar a una patrulla. Es, desde ese momento, cuando comienza la cadena de errores....

Los hechos pudieron pasar de esta forma: Los agentes, al escuchar al facultativo, al que deben darle toda la credibilidad, no dudan que tienen ante si un caso de malos tratos a una menor. Tras detener al sospechoso, redactan su atestado. El atestado llega al gabinete de prensa de la GC, que ve, sin duda alguna, que este suceso hay que trasladarlo a los medios cuanto antes. No les podemos culpar, cobran para eso. Hoy, esas notas llegan vía correo electrónico a una velocidad que supera en cien veces a la del Ferrari que Alonso va a conducir en 2010.

Tras esos tres simples pasos, la demoledora maquina del borrado del honor se pone en marcha, y todos mandamos a los peones a la calle a buscar el qué, el cuando, donde, cómo y el por qué de esa familia. Los medios querían alimentar a sus seguidores haciendo preguntas al director del colegio ¿había notado algo? ¿los vecinos escuchaban gritos y llantos de niña de noche o de día...? Lo ponemos tan real, tan prejuiciado que ya sólo tenemos que hacer una encuesta, si no la hemos hecho ya, preguntando a los viandantes que haría con semejante "monstruo", novio de la madre de una criatura que se debate entre la vida y la muerte, infarto tras infarto, en un hospital de Tenerife.

Al final, la justicia y los forenses ponen tierra por medio y no encuentran ni golpes, ni quemaduras, que al parecer son manchas de alergias, y, ni mucho menos, fue maltratada sexualmente, que es como se llama a la palabra VIOLAR.
Todo se debió a un golpe, a un golpe que se dio jugando y que marcó su vidita desde entonces.

Podemos dudar de los padres por posible negligencia, pero no por asesinos. Nosotros, los "informadores" si que hemos matado, hemos asesinado el derecho fundamental de una persona: SER INOCENTE HASTA QUE SE DEMUESTRE LO CONTRARIO.

Dígale algo, señora...dígale...


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