Juan G. Luján...Se lo que hiciste


Hace años, ya cuentan muchos que se de Juan Luján, así es como le conozco, con nombre y segundo apellido, aunque ya se que el del padre es García. Un buen día me lo tropecé en la radio cuando surgió el experimento de crear una cadena regional, que a principios de los 90 era todo un atrevimiento. Hoy eso no es tan malo, pero entonces sí. Bueno, la cosa no fue bien: más que nada por las pocas luces de unos cuantos, pero ahí quedó ese roce y mi admiración por su trabajo, aunque sus apariciones en la tele dejaban bien claro que la radio es su medio. Fue otro de los vomitados por las encerronas de los gestores de los informativos de la de "todos", pero creo que él se salió antes del barco al ver venir al mediocre con la daga desenfundada. Ahora no sólo hace buena radio sino escribe aún mejor.

Por la amistad laboral que nos separó voy a reproducir aquí su última publicación en Canarias Ahora. Es insuperable:

Las hijas góticas de ZP

Hola. Somos las hermanas góticas. Vestimos de negro, un color prohibido. Bueno, todavía no, aunque lo parece. Somos la vergüenza de nuestro país, porque no elegimos los trajes correctos para hacernos la foto junto al presidente negro y su señora negra. Pero ellos, que hace 50 años no podían ir a la universidad por el color de su piel, ahora viven en la residencia del centro del poder político mundial. Y nosotras, que vestimos de negro, no somos dignas de estar junto al matrimonio Obama.

Nuestro papá se descuidó, y no avisó que la foto en el Museo de Nueva York no podía hacerse pública. Metió la pata. Pero quizá valió la pena para conocer cuánto odio se esconde dentro de miles de cabecitas que leen periódicos y páginas digitales, o las dirigen. La difusión de la foto con nuestras ropas negras sirvió para que millones de españolitos se puedan reír de nosotras. Puedan hacer montajes fotográficos denigrantes y dar pie a los lectores a soltar toda la bilis acumulada. Nuestro padre es un ser odiado y nosotras debemos pagarlo.

Se ríen de nosotras. No saben lo que es la Ley del Menor, bueno sí, para ellos es esa ley que hay que reformar para poder meter en la cárcel a los niños violentos, o para repartir a los africanos por las comunidades autónomas. Hay osados columnistas que dicen que nuestro papá también pasa de la Ley del Menor, que sólo es una excusa para mantenernos estos últimos cinco años escondidas, porque está avergonzado de nuestras pintas. Otros piensan que no tiene autoridad porque nos deja vestir así. Que como va a mandar el país un señor que no es capaz de imponer la ropa adecuada a sus hijas.

Quizás tengan razón. Quizás deberíamos tener otro papá más digno. Nos gustaría tener un papi que nos organizara una boda en el Monasterio de el Escorial. Que eligiera de padrino a gente tan decente como Silvio Berlusconi. Que trajera como invitado a gente tan respetable como Alberto Cortina (6 meses antes de ser condenado a la cárcel por estafa) y a Correa, el de Gürtell. A gente tan demócrata como Manuel Fraga. A cantantes tan españoles como Julio Iglesias, o tan veteranos como Raphael, que también viste de negro, como nosotras, pero ellos son artistas y nosotras diana. Nuestro papi debería imponerse y si una de nosotras se casa, debería ordenar al alcalde de la ciudad que arregle las calles para la despedida de soltera. Qué envidia sentimos de Anita, que se vistió de pija y se casó en el Escorial cuando su papá era presidente, muchos de los periódicos que estos días nos denigran dedicaron grandes alabanzas a aquella boda que convocó a gente tan importante.

Nosotras, las hermanas góticas, queremos agradecer a todos su atención, sus insultos, su enterramiento de la Ley del Menor. Para eso estamos, para poner nuestro culito y que los que quieran patear a papá lo hagan sobre nuestras nalgas cubiertas por las negras telas. Dicen que por qué llevamos botas militares. Vaya, vaya. Será mejor vestir zapatitos de tacón y entrar en el Escorial delante de los pacifistas de las Azores que acudieron como padrinos y dieron caché a la boda de Anita.

Nosotras, las hermanas góticas, decimos que nos merecemos esta condena pública. Porque el hábito hace al monje. Y los monjes, las monjas y los obispos saldrán la próxima semana a manifestarse contra la ley del aborto que aprobó papá. Me imagino que a esa manifestación irán miles y miles de defensores de la vida, de los no nacidos. Y llenarán las portadas de los periódicos que dirigen los mismos que estos días, a nosotras, nos tratan como malnacidas aunque no desean nuestra muerte porque así, vivitas y vestidas de góticas, somos más útiles para sus intereses.



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