Gracias Willy


Me cuentan, porque no le veo, ni le miro, que el aun jefe de informativos de la tele pública de canarias acaba de conocer que hay algo más que el lenguaje hablado en la tele, que existe algo más allá a lo que los expertos y entendidos llaman el lenguaje no verbal o gestual. O, simplemente, comunicación no hablada: mensajes sublimes que los presentadores de televisión ofrecen al espectador de forma espontánea y natural, porque, simplemente, les es innato. O sea: INNATO. Que va con uno, vamos. Aunque a algunos lo aprenden con el tiempo, salvo otro al que se lo han tenido que imponer.

Ahora que me lo cuentan me acuerdo de todos aquellos que han caído bajo sus inestables garras de jefe de la redacción de la cosa canaria. Más que inestables garras, debo decir garras con problema de autoestima. La autoestima la padecen todos aquellos que no hacen sino ver amenazas por todos lados, y entonces emplean su poder al frente de un departamento- pongo como ejemplo-para cargarse a todo aquel al que se le ha ocurrido algo genial antes que al falto de estima. Es todo lo contrario que debe ser un líder de equipo. Ese comportamiento lleva finalmente a que el equipo se convierta en una pesada y oxidada armadura que sólo se mueve bajos los desordenes mentales del falto de estima. Además de cara y oxidada, se encapricha en un lujo demasiado caro.

Ahora que me cuentan que ha descubierto el verbo de los gestos, me miro a mí mismo y me reafirmo en todo lo que hasta hoy he pensado de semejante sujeto.

¿Cuantos han pasado ya por su guillotina?

Los faltos de estima se rodean de escuderos que le aguantarán la lanza y le limpiarán sus botines hasta que un rayo (cosa que está más arriba) quiebre un árbol y le de en la cabeza hundiéndole en el fango. Entonces los escuderos quedaran huérfanos y no sabrán hacer otra cosa que comerse entre ellos, ya que así les educó quien ahora yace por gracia de un rayo: rayos que siempre llegan.

Ahora que me cuentan que hasta señala (obligado) con el dedo a la cámara como gesto de cercanía con los mirones de la tele; ya se porque no soportaba mi presencia. Gracias Willy.
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