He dimitido del Facebook


Lo he logrado, ya no me siento espiado, ni mirado como las alas de una mosca en el microscopio de un crió. Me di de alta en el Facebook por mera curiosidad, por empatia y casi por mimetismo con mis compañeros de trabajo: pero me he cansado, aburrido y abrumado. Cuchicheos, grandes megalómanos y megalómanas; exhibicionistas que llamaban a mi puerta virtual pretendiendo hurgar en mis miserias que ya me ocupaba yo de no “colgar”, En fin, que para desahogarme voy a seguir metiendo lo que pienso en este blog y me sentiré bien, sólo así.

Me he desenganchado del Facebook por fin. La verdad, no se si es que me desenganché o es que me asusté al ver tanto pecho ajeno al descubierto dejando ver hasta la ultima penumbra de sus zaguanes. Ahora me siento bien; siento que controlo mi vida y que cuando abro el correo de mi ordenador no me inundan decenas de avisos diciendo que fulanito o nita quieren amistarse conmigo. ¡Pero quién les ha dado permiso para semejante confianza, hombreeee! Ahora que lo pienso mejor: no se si le di a borrar por agobio o porque no me gustaron algunas caras de amigos de un amigo que es amigo del otro que un día le agrego al primo de uno que quiso saber quien era aquel que un día supo de mí y pensó: ¡coño, de ese quiero yo saber más! Pues no señor: YA SOY UN BORRADO DEL LIBRO DE LAS CARAS.

Joder, que susto, hasta un día me di de frente con la testa de Ángel Llanos,
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