Rouco, ¿y de lo mio qué?

Hace unos días, uno de mis compañeros de trabajo, un gran discutidor (“profesional”) alzaba la voz al aire para que todos lo escucharan bien claro, haciéndose la pregunta de cómo es que yo no pensaba en dios o en el espíritu santo cuando ya no encontraba respuestas a mis preguntas o los invocaba para lograr su bondad para que a mi y a los míos les fuera bien en la vida. Simplemente le respondí: que yo como los islandeses de antes o los ateos de ahora no reparaba en semejantes entretenimientos, que lo mio era más simple. Que era tan simple como el mecanismo de un chupete. Entonces me dí cuenta que había alcanzado el nirvana de la descreencia. Que era inmune a las sotanas y a los machangos de las procesiones. En la foto una fiesta islandesa...ejem.

¿Yo? ¿descreído? Sí. Y gracias a DIOS he alcanzado por saturación (supongo) tan preciado laurel. Y mira que me gusta la arquitectura de una iglesia, una semana santa y unos huesos de santo. Por eso debo mudarme a Islandia, donde son más felices que el pupa, tal como reza en las estadísticas, que de todo hay en la viña del señor. (mira la foto para comprobarlo..jejeje.) Y resulta que son felices porque al estar tan lejos y ser tan frío – el clima- los religiosos que allí se atrevían a pisar morían como témpanos o los vikingos se los “merendaban”, así de sencillo.

Los islandeses no temen a los cuernos, no les importa agrupar por navidad o en las fiestas a sus ex mujeres, maridos; suegros; cuñados; hijos de los otros... en una misma mesa a cenar, porque no fueron contaminados, jamás. En épocas vikingas, cando sus los hombres partían a la conquista dejaban a sus esposas acompañadas por los esclavos para que las “mimaran”. Ellas sabían muy bien quienes eran sus hombres, y ellos cual era el papel de los esclavos: dar calor e hijos.

Este domingo 28 de diciembre,- no era una inicentada- al ver por la tele a tanta gente agrupada en la Plaza Colón de Madrid, a cero grados, escuchando la defensa numantina de Rouco Varela de la familia “tradicional o normal” (¿?) yo me moría de ganas de ser islandés. Des ser tan feliz como ellos. Pero me llegó un espasmo y volví a mi senda de descreído. Entonces, sin salir de casa, pude adivinarme impertérrito ante semejante show clerical. Respiré tranquilo, lo hice un par de veces más...uvvvv...uvvv...ubbb...ubbb. Joder, menos mal que no me tengo que ir a Islandia con el frío que ahí hace. Que yo soy ateo-me dije- y estos señores (los empleados de de la iglesia) tienen derecho a opinar lo que quieran, por lo que el modelo de mi familia me lo marco yo.

Pero volviendo al principio, me gustaría, deseo, exijo poder creer en un ser sobre natural y omnipresente para encomendarme a él y solicitarle, aunque sea por un ratillo, muy chico, que baje y vea el desastre que le han montado aquí abajo el “José” Ratzinger, Rouco Varela y Bernardo Álvarez, y se los lleve a Islandia que ahora ya no se los comen, pero al igual los sientan a la mesa. Amen.


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