Escriben desde "dentro" en LA GACETA DE CANARIAS.


Cuaderno de bitácora de La Gaceta

Matar la ilusión de un periodista no es tarea fácil. De hecho, los periodistas trabajamos movidos por ilusiones diversas: defender al más débil, acabar con la hipocresía, descubrir lo que para otros ojos puede pasar desapercibido. A veces se trata sólo de la ilusión de divertir y entretener. Otras veces se trata de hacer reflexionar y pensar. Quizá en un mundo mejor. Puede ser tan básico como el interés en sí mismo ?insisto, la ilusión?, de divulgar la noticia o una visión particular de la vida.
Con esa ilusión, decenas de periodistas nos embarcamos en el que se nos presentó como un atractivo proyecto para retomar La Gaceta de Canarias.
Muchos estábamos en el buque viejo y seguro que era el periódico EL DÍA, especialmente para quienes no faltaba mucho para que cumplieran 20 años en él. Demasiada tranquilidad para algunos. Un buque chatarrero para otros con cuyos vaivenes ya empezábamos a vomitar. Por razones diversas, la sola vista de un barco velero nos abrió la evidencia de un océano mayor, y la posibilidad de no seguir varados en el mismo mar.
Tirando todo por la borda ?antigüedad, trienios, quinquenios, un futuro asegurado...? embarcamos en el velero. Era aire nuevo. Mejor dicho, un verdadero viento nos empujaba a mar abierto. De nuevo la ilusión era mayor que el miedo. Comenzaba la intrépida aventura.
Se nos criticó que fuéramos los elegidos. Se nos achacó ir de estrellas. Nada más lejos. Y los compañeros y amigos que quedaron en el viejo buque lo saben. Es más lógico pensar que no todos podían subir al nuevo barco.
La tripulación nueva completó la que ya traía el velero. Muchos de ellos fueron tentados a subir al viejo buque. "Tú te llevas a mis marineros. Yo te quito a los tuyos". Justo castigo. Pero sólo uno de ellos aceptó. El resto se quedó en el velero, porque el nuevo capitán y su contramaestre habían anunciado cuatro años de viaje asegurado y el respaldo de una gran naviera que cubriría al pequeño barquito.
Meses después, en el cuaderno de bitácora sólo hay constancia del infierno em que se está conviertiendo este barco. Siendo impensable disparar contra quien peor que mal lleva el timón, tampoco han fructificado los intentos de virar el barco, que navega hacia las rocas.
En plena tempestad, el contramaestre se arrojó al mar, y logró un salvavidas. Sabemos que llegó a una isla solitaria y que no hay ni un tronco que lanzar al resto.
En plena tempestad, supimos también que la gran naviera nos había abandonado. La aventura había terminado, pero no el viaje, que alguien se empeña en que prosiga sin dar de comer a los marineros. Y se castiga en particular a quien proteste. La tormenta no ha dejado de arreciar.
Como ya no hay día de cobro, ni se sabe si hay más pan en la cocina, la tripulación se ha amotinado. Se ve en las películas: los marineros siguen subiendo a las velas, pero lo hacen a disgusto, y mascullan su descontento.
Pese al conflicto, y a diferencia de las películas en tecnicolor, en este barco se le ha visto al capitán despreocupado preguntar: "¿Cómo les va?". Y siempre nos dice que todo está solucionado o eso ocurrirá la semana que viene.
Sólo ha torcido el gesto cuando los marineros han empezado a hacerse oír o cuando teme que le descalifiquen como el gran patrón que cree ser. Pero para ser capitán antes hay que ser marinero. No es el caso.
Ahora nos llegan telegramas de apoyo y hacen falta porque los ánimos empiezan a flaquear. La tristeza se ha adueñado del barco y a la menor oportunidad algunos marineros se apean de él. Es una agonía, se oye susurrar. Y como a todos los moribundos nos vienen imágenes rápidas de nuestro corto esplendor: aquellas risas, aquellas peleas con el ordenador, las comidas traídas de casa, el cigarrito en la puerta, las felicitaciones por el trabajo bien hecho, aquellos primeros salarios en tiempo y fecha... Hoy no se trata ya de que nos dé el pan, sino de que aún quede barco para poder navegar. Las maderas se están desprendiendo y el capitán sigue diciendo que un día de estos lo resolverá.

(Firmado:un grumete de La Gaceta)
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